“Te voy a ser sincera, tienes varios problemas: inseguridad,
orgullo, inexperiencia y muy poca paciencia.”
Sí, para variar un poco tengo que darle la razón a mi amiga. A
veces no nos gusta escuchar la verdad, pero es tarea de los que nos quieren que
la veamos, hacernos participes, porque la mayoría de las veces es la gran
solución. Abrir los ojos. Igual en otros aspectos de la vida, tener estas
cualidades antes nombradas no supone ningún problema ni ninguna dificultad en
nuestro día a día, pero en cuanto a relaciones se refiere y teniendo en cuenta
que las tengo todas juntas…son palabras mayores.
¿Inseguridad? Sí, tengo que reconocer que es cierto. Pero,
quién no se ha sentido insegura alguna vez ante una persona que te gusta y que
para más “inri” no sabes si el sentimiento es mutuo, o lo que es peor, si estás
haciendo el ridículo. Tengo que confesarlo, no me gusta la idea de que yo me
quede con este sentimiento y esa persona haga su vida ajena a la mía. No es lo
que quiero. ¡Me niego a estar pensando en una persona más de lo que debo y que
sea en vano! Aquí es donde entra el orgullo… Muchas veces en mi vida he
presenciado como ella, después de ilusionarse y montarse su propia película, se
queda en casa lamentándose porque se le ha ido de las manos, se ha llegado a
enamorar y no es correspondida. Yo no quiero aceptar ese rol, me niego a
aceptar que mi felicidad dependa de si un hombre me dedica su atención y su
tiempo.
Claro, pero por otra parte pienso, y es ley básica en esta
vida, que antes o después voy a tener que vivir en pareja, tengo que empezar a
hacer mi vida…y ahí es donde entra la inexperiencia. Nunca he tenido pareja,
entonces no puedo afirmar que no valga la pena que mi felicidad dependa de esa
persona a cambio de saber que ese alguien estará a mi lado para apoyarme
incondicionalmente, que me abrazará por la espalda y hará que me sienta
protegida y fuerte a la vez…Y tengo que confesarlo, me encanta la idea de que
pueda pasar un domingo en el sofá con él, abrazados, viendo una de las
películas que tanto le gustan y sintiéndome genial a su lado. O el simple hecho
de irnos a caminar por la montaña, los dos solos, como si nos evadiéramos del
resto del mundo, porque nuestro mundo somos nosotros…Pero yo no quiero esperar
a que el señorito decida, yo quiero y necesito vivir todo esto ya porque yo sí
estoy segura de lo que siento. Bienvenida querida impaciencia. Puede parecer de
loca desquiciante esto que acabo de decir, pero es la realidad y pensarlo,
seguro que a vosotras os pasaría lo mismo. Yo, a pesar de lo que me ha costado
aceptarlo y de los conflictos internos que he tenido entre mis sentimientos y
mi cabeza, sé que lo que quiero es estar con él, compartir mis días con él, ser
feliz como hasta ahora…pero con él.
Tampoco creo estar pidiendo nada de otro mundo…¿o sí?
No hay comentarios:
Publicar un comentario