sábado, 30 de noviembre de 2013

QUERIDA IMPACIENCIA

       “Te voy a ser sincera, tienes varios problemas: inseguridad, orgullo, inexperiencia y muy poca paciencia.”


Sí, para variar un poco tengo que darle la razón a mi amiga. A veces no nos gusta escuchar la verdad, pero es tarea de los que nos quieren que la veamos, hacernos participes, porque la mayoría de las veces es la gran solución. Abrir los ojos. Igual en otros aspectos de la vida, tener estas cualidades antes nombradas no supone ningún problema ni ninguna dificultad en nuestro día a día, pero en cuanto a relaciones se refiere y teniendo en cuenta que las tengo todas juntas…son palabras mayores.

¿Inseguridad? Sí, tengo que reconocer que es cierto. Pero, quién no se ha sentido insegura alguna vez ante una persona que te gusta y que para más “inri” no sabes si el sentimiento es mutuo, o lo que es peor, si estás haciendo el ridículo. Tengo que confesarlo, no me gusta la idea de que yo me quede con este sentimiento y esa persona haga su vida ajena a la mía. No es lo que quiero. ¡Me niego a estar pensando en una persona más de lo que debo y que sea en vano! Aquí es donde entra el orgullo… Muchas veces en mi vida he presenciado como ella, después de ilusionarse y montarse su propia película, se queda en casa lamentándose porque se le ha ido de las manos, se ha llegado a enamorar y no es correspondida. Yo no quiero aceptar ese rol, me niego a aceptar que mi felicidad dependa de si un hombre me dedica su atención y su tiempo.

Claro, pero por otra parte pienso, y es ley básica en esta vida, que antes o después voy a tener que vivir en pareja, tengo que empezar a hacer mi vida…y ahí es donde entra la inexperiencia. Nunca he tenido pareja, entonces no puedo afirmar que no valga la pena que mi felicidad dependa de esa persona a cambio de saber que ese alguien estará a mi lado para apoyarme incondicionalmente, que me abrazará por la espalda y hará que me sienta protegida y fuerte a la vez…Y tengo que confesarlo, me encanta la idea de que pueda pasar un domingo en el sofá con él, abrazados, viendo una de las películas que tanto le gustan y sintiéndome genial a su lado. O el simple hecho de irnos a caminar por la montaña, los dos solos, como si nos evadiéramos del resto del mundo, porque nuestro mundo somos nosotros…Pero yo no quiero esperar a que el señorito decida, yo quiero y necesito vivir todo esto ya porque yo sí estoy segura de lo que siento. Bienvenida querida impaciencia. Puede parecer de loca desquiciante esto que acabo de decir, pero es la realidad y pensarlo, seguro que a vosotras os pasaría lo mismo. Yo, a pesar de lo que me ha costado aceptarlo y de los conflictos internos que he tenido entre mis sentimientos y mi cabeza, sé que lo que quiero es estar con él, compartir mis días con él, ser feliz como hasta ahora…pero con él.

 Tampoco creo estar pidiendo nada de otro mundo…¿o sí?

No hay comentarios:

Publicar un comentario